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En este rincón de Asia también hay López, Velásquez y Jiménez… (Filipinas)

Monumento de Sandungo (en Tagbilarán) que representa el día en que los españoles y los filipinos hicieron el primer tratado de amistad, mediante un pacto de sangre. Sandungo significa “la misma sangre”.

Cualquier que lea las noticias de Filipinas pensaría que es un país que queda en América Latina. Las de hoy por ejemplo hablan de los ministros Juan Ponce, Ramón Revilla y José Estrada y sus artimañas clientelistas, investigadas por el tribunal anticorrupción. En la página de opinión sobresale la columna del señor José Romero con el título “Un Estado que se desmorona”. En ella toca temas como la corrupción gubernamental, la incapacidad del gobierno de proveerle servicios básicos a los ciudadanos y los altos índices de desempleo que se registran en el país.

Los problemas parecen ser los mismos, pero lo que mas llama la atención es la familiaridad de los nombres. La razón se debe a que como nosotros, Filipinas fue una colonia española. La empresa religiosa, en su ánimo por convertir a los nativos al catolicismo, terminó bautizándolos; y de ahí el porqué aquí también hay López, Velásquez y Jiménez… Lo peculiar del asunto, sin embargo, es que los filipinos no adoptaron el español como lengua, sino que siguieron con sus dialectos y mas tarde adoptarían el inglés como idioma nacional (en cada isla el idioma varía, y el país está conformado por mas de 7 mil islas, algunas del tamaño de un departamento en Colombia), introduciendo apenas algunas palabras en español: las cifras, los días de la semana, algunos meses del año, el saludo “Como está”, los nombres de algunos alimentos (lechón, adobo, cerveza, etc.), entre muchas otras.

De ahí en adelante los encuentros entre su cultura y la nuestra son varios. El fervor por el Divino Niño (que lo pronuncia en español), por ejemplo. Luego de casi cuatro meses por el sudeste asiático, ver una iglesia católica en este lado del mundo, con sus vitrales de vidrio, el crucifijo al final, los apóstoles mirando desde arriba, la virgen y un Divino Niño vestido de colores, parecía casi irreal. Filipinas es el único país de Asia oficialmente católico y sus creencias son como las nuestras, basadas en las imágenes, solo que aquí la virgen María queda en un segundo plano.

ninoLos nombres de los pueblos también son los mismos. Medellín, Bogo, San Vicente, San Agustín, Esperanza, Unión, San Francisco, todos se encuentran en estas tierras. En algunos lugares, como en Cebu, también hay murallas construidas por los españoles para defenderse de los piratas, con cañones apuntando hacía el mar. Y en algunas ciudades se aprecian todavía los rastros de la arquitectura colonial. Los bailes tradicionales a simple vista también se ven como los nuestros, con faldas largas que las mujeres ondean coquetamente de un lado a otro.

La importancia de Filipinas para los españoles radicó en el comercio de las especias, convirtiéndose en el centro económico del Imperio Español en Asia. Desde el puerto de Manila partía una o dos veces al año el Galeón de Manila por el Pacífico, cargado con tesoros de oriente, para desembarcar tres meses después en los puertos de Nueva España (Acapulco, México) y Las Peñas (Puerto Vallarta). El galeón traía a su vez de América maíz, tomates, piñas y chiles, alimentos que terminaron introduciéndose en la dieta diaria y hace parte hoy de su gastronomía.

El primero en reclamar el conglomerado de islas como territorio español fue Fernando de Magallanes, en 1521. Posteriormente la región recibió su nombre en honor al rey Felipe II de España.  Los primeros asentamientos españoles se fundaron hacia 1565 en la actual Cebu. La independencia de los españoles la lograron solo hasta 1898, cuando España perdió la Guerra hispano-estadounidense. Tras este suceso el país quedó, esta vez, en manos de los Estados Unidos, debido al Tratado de París de 1898 firmado por España, en el que cedía el dominio de las islas a los americanos por 20 millones de dólares. La influencia americana es latente tanto en el idioma (todos hablan inglés perfecto), como en la comida, la música y la fascinación de los filipinos por los centros comerciales. Literalmente hay uno en cada esquina.

Después vendría la invasión de los japoneses, durante la II Guerra Mundial y luego el país pasaría nuevamente a manos de los gringos. Finalmente el 4 de julio de 1946 el alcanzarían su tan anhelada independencia, para terminar luego inmersos en una dictadura que duraría mas de 10 años.

Ayer fue la conmemoración de la independencia de los españoles;  la “fiesta”, que se dice igual en español y filipino. Un día en el que los pescadores no salieron al mar y la música interrumpió el sonido que hacen las olas cada vez que la brisa las trae hacia la costa. Un festivo nacional, pero sin próceres independentistas.

Foto Divino Niño:angelesymilagros.about.com

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