Blog de viajes

Los diarios como refugio

Creo que desde siempre he tenido diarios. Libretas en las que hago listas, escribo frases de libros que me gustan, anoto cosas que vi,  lugares a los que quiero ir, cosas que quiero hacer o que hice. Son páginas con una colección de sentimientos, momentos, pequeños álbumes personales en los que van quedando consignados fragmentos de la existencia. Los escribo para nadie, por el simple ejercicio de desenredar la mente, como una necesidad de dejar una huella de la cotidianidad, a veces simplemente por no perder la conexión de la tinta con el papel. Me refugio en mis diarios más en los momentos malos que en los buenos, me gusta escribir de noche, sentada en mi cama, como un momento en solitario.

Disfruto también del poder creativo que surge cuando estoy sola en un  espacio público, como por ejemplo en un café o en una  sala de espera, me gusta sustraerme en mis escritos y dejar el tiempo pasar, mirar a los demás, capturar sus conversaciones, sobrellevar los tiempos muertos de esta manera. Cargo mi libreta en mi bolso, como un amuleto, como un refugio siempre a la mano. Escribo también para leerme después.

Me gusta el olor del papel nuevo, da la sensación de un nuevo comienzo. Odio esas últimas páginas que quedan huérfanas antes de terminar un cuaderno, pero intento escribirlos hasta el final. Escribo como un simple ejercicio de no dejar los días pasar, de aflojar la mano, de meditar con palabras. Escribo en los viajes, en los trenes, en los aviones, en los hoteles de pueblo caribeños que me ha llevado mi vida como periodista y reportera de los últimos años: los lugares itinerantes, extraños y lejanos siempre resultan más inspiradores.

“Cuando uno piensa y no escribe todo se va en humo, en aire. Cuando uno piensa y escribe, algo del humo se convierte en aguada, en tinta. El pensamiento es un caballo salvaje, loco, cerrero: la escritura es una forma de domarlo”: Héctor Abad Faciolince, ‘Lo que fue presente’.

Este ritual de los diarios también me ha llevado a convertirme en lectora de diarios de otros, diarios que hoy son libros, que reafirman todo este poder creativo que da la escritura cotidiana, un ejercicio que cuando se convierte en ritual resulta en un acto liberador. Uno de los libros que tengo desde hace un tiempo entre entre manos, que voy leyendo de a poco,  es precisamente una recopilación de los diarios del gran escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, ‘Lo que fue presente´, que a propósito fue el regalo que me dio mi papá de navidad.

“…el diario acaba siendo un tatuaje que ya no puedes borrar: esa parte de tu vida, de tu piel, que cuentas, que llenas de historias, de imágenes, por feas que sean”: Héctor Abad Faciolince, ‘Lo que fue presente’.

Escribir en días de cuarentena como ritual, esa es mi invitación de hoy.  Escribir para existir, para olvidar, para ser, para dejar ir, para recordar, para sacarlo de adentro, para dejar un rastro, escribir por escribir, sin más pretensiones.

 

Ideas para comenzar un diario

  • Escoje un momento del día en el que puedas dedicar al menos 15 minutos para sentarte a escribir, y hazlo cada día a la misma hora.
  • Utiliza una libreta que te guste, que te parezca cómoda y que esté nueva y en blanco.
  • Destina un rincón de tu casa como tu lugar creativo.
  • Suelta la mano, no pienses demasiado, solo escribe.

 

Imagen tomada de healthline.com

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