Periodismo, escritura, yoga

El yoga y yo

Foto cortesía Luis Barreto.

No fue amor a primera vista. De entrada tengo que decir que me costó tiempo y trabajo incorporar el yoga a mi vida. En mi caso me acerqué realmente a la disciplina justamente cuando comencé este blog, que primero se llamó Caribbean Way of Life, en agosto de 2013. Fue también cuando con mi esposo, Tomasz, decidimos renunciar a nuestros trabajos, empacar todo en cajas, dejar nuestro perro en donde mis papas, despedirnos de nuestra familia y amigos e irnos a vivir a Utila, una isla del Caribe hondureño por cuatro meses. Ahí comenzó la aventura de los viajes, el buceo y el yoga.

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Una vez en la isla me encontré con que había un estudio de yoga muy activo que ofrecía clases por la mañana, y al atardecer. Practicaban Ashtanga Vinyasa, y como yo no sabía nada del tema, ni me tomé el trabajo de investigar, me lance a asistir a una de las clases. De lo primero que me di cuenta fue de mi errada concepción del yoga. Yo pensaba que se trataba de estiramientos pausados y una relajación prolongada. Si hubo de eso, pero para llegar hasta allá tuve que pasar primero por un largo camino. A los primeros 5 minutos de práctica yo ya estaba sudando.

Primera serie Ashtanga.

Resulta que el Ashtanga es uno de los tipos de yoga mas dinámicos y exigentes. Comienza con 10 saludos al sol y luego una serie de asanas o posturas paradas, sentadas e invertidas; hasta llegar a la parada de cabeza, luego el loto, y finalmente la anhelada Savasana (relajación boca arriba). Al otro día me dolía literalmente todo, incluso descubrí músculos que ni siquiera sabía que existían. Al final de la práctica, sin embargo, sentí de inmediato el cambio en mi cuerpo, en la alineación de mi espalda y hombros. Estaba mas consciente de mi postura y de alguna manera de mí misma, y de los pensamientos que en ese momento me molestaban.

Al día siguiente no volví al estudio, no pude. Le di una segunda oportunidad esa misma semana, y noté la diferencia en la práctica respecto a la primera vez. En eso también tuvo mucho que ver que ya sabía de qué se trataba. Lo que particularmente me gusta del Ashtanga es que es un tipo de yoga en el que día a día se repite la misma serie, como si se tratara de una coreografía. Con el tiempo uno la va memorizando y entonces la atención no se gasta en ver cuál es la siguiente postura que propone el maestro, sino en sincronizar el cuerpo con la respiración y a la vez con la mente, que simplemente se traduce en concentración.

Cada inhalación y exhalación prolongada marcan el ritmo del movimiento, a eso se le suma un ronroneo en la garganta, que es el sonido que hace el aire al entrar y al salir del organismo conscientemente. Yoga es bienestar físico, mental y concentración, si no se cumple con las últimas dos premisas simplemente se está haciendo ejercicio.

 

El mural que adornaba el estudio en Utila.

IMG_2493Mi profesora en ese momento, Aura, que ahora tiene su propio estudio de Ashtanga en Nueva York (Long Island) , se ofreció a explicarme un poco mas sobre la disciplina. Me resumió brevemente la historia de los maestros, y me habló sobre los principios básicos del yoga: no violencia, pureza en mente y cuerpo, presencia, honestidad hacia los demás y hacia uno mismo, moderación, no codiciar, etc. También me dio a conocer una de las frases mas sabias a tener en cuenta en este camino del yoga, de autoría de uno de los maestros del Ashtanga, Pattabhi Jois: “Do your practice and all is coming”.

Por esos días escribí: “Con cada caída, cada posición lograda, cada músculo adolorido, cada avance o retroceso entendí de qué se trataba. “Do your practice and all is comming”: lo bueno y lo malo, la vulnerabilidad y la fortaleza, lo que se oculta y se deja ver, lo físico y lo mental, “all is comming””.

Salí de la isla cuatro meses después, y para mi propia sorpresa no volví a practicar. Durante muchos meses mi excusa para no hacer yoga fueron los viajes, los cambios constantes, las muchas horas de buceo que colmaron esos días, los excesos y en general todas las nuevas experiencias que vivimos con mi esposo en nuestra casi vuelta al mundo. La verdad es que no tuve compromiso ni disciplina conmigo misma; y así, sin mas, el yoga se fue de mí.

Pero la vida tiene sus maneras de mostrarte los caminos. Desde que llegué a vivir a Santa Marta me hablaron de una rusa, profesora de yoga, que comenzaba a practicar a las siete de la mañana en la playa de Taganga. Durante muchos días pensé en buscarla, nunca fui. Un día cualquiera la vi en la playa, estaba sola, en la mitad de las posturas sentadas. Le pregunté por las clases, me preguntó que si antes había practicado Ashtanga, le dije que sí, en una isla, en Utila. Ella me preguntó con quién, yo le dije que con Aura. Y ella dijo, ¿Aura? Estábamos hablando de la misma Aura. Sí, Valentina mi nueva profesora había practicado con ella. Las coincidencias de la vida.

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Comencé a practicar a conciencia desde noviembre de 2014. Volví al yoga en parte por el ejercicio físico; pero sobre todo por que necesitaba reordenar mi mente, retomar las riendas de mi vida, dejar atrás mis miedos, creer en mí misma, dejar pasar algunos sentimientos que me invadían por esos días, vivir en el momento, volver a tomar consciencia de mi cuerpo y sus posibilidades, recuperar la tranquilidad, enfrentar los cambios, reinventarme en un nuevo lugar, seguir creyendo en mis sueños, dejar la impaciencia, redireccionar mis energías y crear.

 

Valentina me dijo desde el primer día que el yoga no da nada, quita. Y es cierto. A mi me quitó muchos pesos de encima: los miedos, la frustración, la pereza, la amargura, la falta de iniciativa. Sigo trabajando en la impaciencia y en otros muchos defectos que me gustaría quitar de mi vida como el mal genio, por ejemplo. Además, sin pedirlo me quitó kilos de mas que sobraban de mi cuerpo.

Si me preguntan que es el yoga para mí, en mi vida, diría que es la locomotora de mis días. Ya no me importa levantarme temprano, de hecho lo hago de manera natural, incluso antes de que suene el despertador. Y aunque esté cansada, o me sienta mal, y la practica sea pesada físicamente; sé que después, cuando termine, todo va a estar distinto, todo se va a ver diferente. Cada vez que llego el Savasana, que es la postura final, hago el ejercicio de pensar como estaba mi mente y mi cuerpo antes de comenzar, y cómo está ahora. Y no importa si no pude hacer todas las posturas, o me caí, o me sentía cansada. La sensación de bienestar que queda predomina sobre todas las otras cosas. Es difícil de explicar, pero es como si fuera otra persona y el mundo a mi alrededor cambiara.

El yoga es también mi regalo diario para mí misma. Ese momento del día en que me veo desde afuera, que soy consciente de mi respiración, y de cómo ésta altera o relaja mi cuerpo; de mi posición; de los límites de mi corporalidad. Ese momento en el que solo importa el presente, el momento, el yo. La práctica es también un esfuerzo constante por dejar ir todo lo demás, los pensamientos que van y viene, los ruidos del exterior, las tareas por hacer mas adelante, las preocupaciones, el calor o el cansancio.

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También tiene que ver con ser paciente, constante, estar presente, no forzar. Y sí, todo llega un día, y ahí es cuando te das cuenta de que lograste la postura, que tu cuerpo se está reconfigurando, que tus articulaciones ceden, que logras lo que antes parecía imposible. Y que todo esto tiene repercusiones en la manera en que te ves a ti mismo, en cómo te relacionas con los demás y con quién, en las decisiones que tomas y en general en el rumbo que tu mismo haces que tome tu vida.

 

¿Qués es yoga?

Si  buscabas un artículo mas explicativo sobre el yoga, ¿qué es?, ¿cuáles son los diferentes tipos?, etc. Te recomiendo este texto de Marcela Riomalo, publicado en la Revista Bienestar, El ABC del yoga.

 

3 Responses to “El yoga y yo”

  1. Aura

    WOW, Ni siquiera sé como llegué a este blog y de repente me encuentro, no solo que todavía practicas yoga sino que lo has hecho parte de tu vida.

    Y mas WOW!!!! Fuiste a Colombia y conociste a Valentina!!! las vueltas que da la vida!.
    Espero que donde estes te encuentres bien,
    Aura 🙂

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    • Ligera de Equipaje

      Aura! no había leìdo tu mnsj! la semillita que sembraste en mi en Utila floreciò en todo esto, sì la vida y sus conexiones. Si alguna vez vienes a Colombia dèjame saber! que lindo que llegaste a mi blog! Bienvenida

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