Blog de viajes caribeños

Sierra arriba

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Minca. ¿Les suena? Es un pueblito chiquito, situado en las montañas, cerca de Santa Marta, en el que viven solo 500 personas, entre campesinos y extranjeros, que por el encanto de estas tierras altas, de clima templado, llenas de agua, adornadas por el verdor de la vegetación y a tan solo 40 minutos del mar, terminaron quedándose  y montaron sus empresas de turismo (hoteles de bajo presupuesto, restaurantes, agencias de viajes).

Llegar hasta allí es sencillo, los taxis colectivos salen desde el mercado de Santa Marta (solo hay que preguntar donde es el paradero para ir a Minca) y el pasaje vale unos 8 mil pesos, en promedio. Pasada la ciudad comienza un camino serpenteante en ascenso de unos 14 kilómetros, que desemboca en este corregimiento que hace parte de la Sierra Nevada de Santa Marta, y en cuyas tierras habitó una vez la cultura Tayrona. Aunque actualmente los indígenas de los pueblos Kogi, Arhuaco, Wiwa  y Kankuamo viven en las tierras altas de la Sierra, a veces es común encontrárselos en el poblado.

Al entrar a Minca comienzan a parecer a lado y lado de la carretera principal los pequeños cafecitos y restaurantes, con oferta de comida internacional y local. Los menús están totalmente adecuados a los gustos de los viajeros y ofrecen pastas, carnes a la brasa, crepes, hamburguesas, postres; e incluso hay un español que hace paella, gambas al ajillo, tortilla española, etc.

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Claro está que también sobreviven los restaurantes tradicionales, que a la vez son balnearios en donde se puede encontrar desde el almuerzos del día hasta sancocho de gallina criolla, tamales, pescado frito, carne en salsa, pollo guisado, sopas y jugos naturales.

El café es uno de los distintivos de Minca. Dicen quienes conocen la historia del pueblo que precisamente su nombre se debe al español don Juan de Minca, quien fue el responsable de las primeras plantaciones de café. La tradición de los cafetales sigue vigente en la región, y aún se pueden visitar las casonas hechas en tapia pisada de las antiguas haciendas cafeteras. Existe también la posibilidad para los viajeros de trabajar como voluntarios en las fincas, donde también se produce cacao.

Pero mas allá de la oferta gastronómica del lugar, que uno no se imaginaría encontrar en un pueblo tan pequeño y apartado, Minca es para mí uno de esos destinos para el descanso. De alguna forma su clima de montaña resulta un respiro luego de estar unos días en el calor de la Costa. El verdor de las montañas, el silencio de la naturaleza, la sensación de que la vida va lento y sin preocupaciones invitan a la meditación, a la lectura, a la contemplación, y el lugar esta hecho para eso.

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Entre sus mayores atracciones están los pozos que va formando el río Minca en su bajada de la Sierra Nevada de Santa Marta. Se trata de cascadas y piscinas naturales de agua pura, cristalina y fría, que resultan medicinales para el cuerpo y el espíritu.

Los días en Minca terminan con el cantar de los pájaros, y el reflejo de sol tras la montaña, que cuando se tiene suerte vuelve el cielo de tonos púrpura. Desde allí la ciudad de Santa Marta se ve como una mancha que se expande paralela al mar, que se llena de luces en cuanto cae la noche.

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