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Cuando la basura NO se queda en la basura

La revolución del reciclaje se tomó a Suecia. En la actualidad mas del 99% de los desechos producidos en los hogares del país nórdico son reutilizados. Su dependencia de las basuras para producir energía es tal, que incluso se han visto obligados a importar residuos de otros países. ¿Cómo es vivir en un lugar donde todo se recicla?

Lo primero que reina es la confusión. La basura súbitamente se transforma en un juego de lógica, en el que hay que escoger el compartimiento correcto. Después viene el miedo de haber escogido mal, y que alguien se de cuenta, y que el Distrito te ponga una multa, y tus vecinos te miren como si fueras una persona a la que le da igual el bienestar de la comunidad, y el futuro del medio ambiente y de la humanidad; cuando precisamente antes, en tu país, te creías el mas ecologista del planeta por dividir tus basuras en dos bolsas que al final iban a parar al mismo sitio.

Hammarby Sjöstad es un barrio de Estocolmo que tiene la particularidad de haber sido pensado desde su principio como un proyecto ambientalmente sostenible, donde los residuos siguen un curso circular; es decir, se reutilizan para suplir las necesidades de energía de la comunidad que los produce. Es un modelo directamente opuesto al que estamos acostumbrados en el que la basura sale de nuestras casas, para luego ser recogida por el camión y enterrada donde no la podamos ver, liberando gases contaminantes en la atmósfera y lixiviados (líquidos contaminantes) en los suelos, que terminarán en las fuentes de agua (ríos, lagunas y el mar).

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Acostumbrarse a que la basura ya no es simple basura, y que cada cosa va en un lugar determinado toma tiempo. Y la regla de separar los residuos no solo rige en este rincón de Estocolmo, sino en toda Suecia, en donde el mismo gobierno asegura que menos del 1% de los desechos domésticos terminan en un botadero o relleno sanitario. Cuesta aún mas creer que de la basura se puede producir calefacción para calentar los hogares y combustibles para los vehículos y el transporte público. Solo cuando vas a la bomba y en vez de llenar tu carro con gasolina, lo llenas con biogas que fue producto de tus propios excrementos, de los restos de comida, los residuos de la jardinería, las flores marchitas, los restos de papel, los desechos del ganado y los residuos orgánicos de los procesos agroindustriales (biomasa) es que la basura cobra otro significado.

El proceso

La regla número uno, aprenderse de memoria la clasificación: periódicos, plástico, metal, vidrio, aparatos eléctricos, bombillos y baterías, y restos orgánicos. La regla numero dos, olvidarse de las bolsas plásticas. Todos los desechos, a parte de los orgánicos, se almacenan en compartimientos o bolsas de tela, y estos últimos se depositan en bolsas de papel. Esta primera parte se hace en casa. En Hammarby Sjöstad las basuras luego son transportadas por un sistema de tuberías subterráneas, que mediante la succión al vacío, llevan los residuos previamente separados hasta las plantas de tratamiento.

Hammarby Sjöstad Reciclar

“Hay una serie de puntos de disposición de basuras instalados en las áreas comunes de los bloques de vivienda y en lugares públicos. Cuando los sensores detectan que están llenos, los extractores se ponen en marcha y succionan la basura a una velocidad de 70km/h”, explica Eric Freudenthal, del Centro de Información Medioambiental GlashusEtt, uno de los ejes centrales del barrio, en donde tanto visitantes como residentes obtienen información sobre las innovaciones ecológicas que se implementan en el lugar. Como regla general, en toda Suecia hay una estación de reciclaje a mínimo 300 metros de cualquier área residencial.

Una vez en su destino final, el papel periódico es convertido en masa de papel, las botellas de vidrio se reutilizan o se funden para crear nuevos objetos, los envases de plástico se convierten en materia prima plástica y los residuos orgánicos se transforman en abonos y biogas. Las aguas en su turno, se tratan de manera diferente dependiendo de si son pluviales o residenciales. Las aguas lluvias se recolectan, luego se purifican y son nuevamente conducidas al lago Hammarby Sjö, que rodea el barrio, y posteriormente al mar. Las aguas residuales, por su parte, van a una planta de tratamiento para producir biogás, que se utiliza para cocinar y para los vehículos.

De cómo se produce este nuevo combustible con el que funcionan el 100% de los buses de transporte público en toda Suecia, se le debe a la química. Luego de que los residuos orgánicos, debidamente clasificados, son llevados a la planta, estos materiales o sustratos son depositados en gigantescos tanques de fermentación que ofrecen todas las condiciones necesarias (calor y ausencia de oxígeno) para acelerar su proceso de degradación, que en condiciones normales tardaría mucho más tiempo. El gas metano que antes era expulsado a la atmósfera ahora es capturado –reduciendo el efecto invernadero– y convertido en combustible. Los sustratos restantes son utilizados como abonos, dando como resultado lo que se conoce como un ciclo cerrado de producción, sin residuos.

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Si bien la combustión de biogás libera CO2, la proporción de las emisiones se compara al C02 que absorben las plantas durante su ciclo de crecimiento, por lo que se considera como un combustible neutral ambientalmente. Según investigaciones del Renewables Insight Intitute, una asociación alemana dedicada a la investigación de biocombustibles, la producción de 1 kilovatio de energía a partir de biogás reduce las emisiones de C02 en 60%, con respecto a los combustibles fósiles.

“El interés por desarrollar energías alternativas y conformar ciudades cada días más sostenibles es algo en lo que ha venido trabajando el gobierno sueco desde finales de los 70, cuando nos dimos cuenta de que éramos el país más dependiente de petróleo del mundo”, dice Freudenthal.

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Las últimas mediciones señalan que Hammarby Sjöstad es 40% más respetuoso con el medioambiente que otras zonas residenciales de Estocolmo. En la actualidad, 22.000 personas viven en el barrio. Las autoridades esperan que para 2018 las reducciones de los impactos ambientales se superen en 50% con respecto a otras zonas de la ciudad y que los habitantes cada vez sean más conscientes de su papel en este ambicioso proyecto ecológico

Artículo publicado en la Revista Exclama, edición 28. Todos los derechos reservados a Revista Exclama.

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