Un blog de viajes, buceo y yoga para viajeros ligeros

¡Plástico por todas partes!

Antes de vivir en una isla (pasé el último cuatrimestre del 2013 en la isla de Utila, en el caribe hondureño) no era consciente de la cantidad de elementos plásticos que nosotros los seres humanos utilizamos y desechamos a diario. El impacto con la realidad vino un día después de una tormenta, cuando las corrientes arrastraron consigo la basura del continente y las pocas playas con las que contaba Utila quedaron totalmente tapizadas con botellas, bolsas, empaques de alimentos, cubiertos, platos, platones, baldes, cuchillas de afeitar, frascos, tapas, partes de zapatos, etc. Todo era plástico.

La situación se agravaba con cada tormenta. Nuevas basuras llegaban al lado sur de la isla, en cantidades absurdas; en esos días también era común ver trozos de plástico flotando sobre el arrecife. Los esfuerzos por limpiar las playas eran frustrantes. En las jornadas de limpieza organizadas por las ONGs de la isla participaban voluntarios, en su mayoría viajeros de diferentes países, quienes como a mí no nos cabía en la cabeza que no se pudiera hacer algo al respecto. Tras horas de recolectar residuos a pleno sol y depositarlos en bolsas (también de plástico) solo bastaba con levantar la mirada y ver el real panorama. La verdad era que aunque llenáramos camiones enteros de basura, era poco el impacto de nuestras acciones sobre la totalidad del desastre. Por mas que pasáramos allí días enteros, no lograríamos recoger todos los desperdicios que el mar había traído y que seguía trayendo. Esas playas nunca volverían a ser de piedra y arena.

Las tortugas marinas eran las mas afectadas, y me percaté de ello luego de que me enliste como voluntaria de la Bay Island Conservation Association (BICA). Con ellos el trabajo consistía en monitorear la playa de Pumpkim Hill en las noches, cuando llegaban estos milenarios animales a poner sus huevos. Como es bien sabido, las tortugas marinas regresan al lugar de su nacimiento para dejar a sus pequeños, sin importar que esto les cueste una larga travesía. La playa, sin embargo, para su sorpresa, poco se parecía al lugar que habían abandonado años atrás. Sortear las nuevas condiciones, sin embargo, no representaba mayor problema para las hembras, que luego de mucho andar finalmente escogían el lugar donde hacer su nido (la mayoría eran tortugas Carey). El problema era con los pequeños recién nacidos, que luego de romper su caparazón y lograr salir a la superficie, escalando sobre sus demás hermanos, debían llegar al agua en medio de una carrera de obstáculos de plástico que dejaba a muchos atrapados a mitad del camino.

En los primeros monitoreos seguíamos sigilosamente a las tortugas hembras desde su salida del agua hasta cuando se decidían a hacer su nido (con linternas de luces rojas, para molestarlas lo menos posible). Luego, con el pasar de los días, cuando los huevos ya estaban listos para salir, nos dimos cuenta que la única manera de que lograran llegar al mar, sin ayuda, era garantizándoles un camino limpio. En esos días los voluntarios llegábamos a la playa antes de que cayera el sol y nos dedicábamos solo a una cosa. La estrategia dio resultado.

La ingesta de plástico por parte de estos animales si nos fue imposible de controlar. Como en el resto del mundo, en las aguas de Utila las tortugas marinas confundían los residuos plásticos flotantes con medusas. Las que corrían con menos suerte morían asfixiadas. Los peces y aves marinas también eran otras de las víctimas del plástico.

Yo hice la tarea. Separé las botellas plásticas del resto de la basura con la idea de llevarlas a la planta de reciclaje de la isla, donde las compactaban en bloques y las sacaban al continente para generar nuevos productos, evitando así que llegaran al mar. En la primera semana el total fue de 20 botellas de plástico de diferentes tamaños. La basura la habíamos producido solo dos personas. Intentamos reducir nuestra media en las semanas siguientes. Evitamos hacernos a nuevas botellas y reutilizamos las que ya teníamos. La tarea fue difícil, de la oferta de bebidas al menos el 80% venía empacado en plástico, pocos refrescos se conseguían en botellas de vidrio y las demás opciones se limitaban a cerveza y otras bebidas alcohólicas. Además, nos dimos cuenta de que la mayoría de los alimentos que consumíamos venían plastificados.

A mi modo de ver el documental Plastic Planet (Planeta de Plástico) dirigido por Werner Boote lo resume bien: “Somos los descendientes de la era del plástico. Estamos rodeados de plástico desde que nacemos, conocemos de memoria su olor, su textura y su sabor”. Y si se piensa dos veces casi todo lo que nos rodea está hecho de plástico (ropa, muebles, implementos de cocina y baño, artículos electrónicos, carros, casas, etc). En el documental, que salió al aire en 2009, Boote asegura que desde 1907, cuando se desarrollo el primer producto totalmente sintético, hemos producido el plástico suficiente para darle la vuelta a la tierra mas de seis veces. Jhon Taylor, presidente de Plastic Europe lo pone en cifras: “En Europa se producen 16 millones de toneladas de plástico al año, y esto es solo el 25% de la producción anual mundial”.

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