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No todo es basura

Así lo demuestran varios países en donde a partir de los residuos orgánicos que antes terminaban en rellenos sanitarios o botaderos hoy se produce biogás, que sirve como combustible para los vehículos, energía y abonos para los suelos.

Se estima que una hectárea de paja de maíz –luego de pasar por un proceso de fermentación sin presencia de oxígeno– brinda el combustible necesario para que un vehículo recorra 70.000 kilómetros, una distancia que equivaldría a darle una vuelta y media al mundo. En países en donde los restos de comida, los residuos del jardinería, las flores marchitas, los restos de papel, los desechos del ganado y los residuos orgánicos de los procesos agroindustriales (biomasa) pasan a ser la materia prima para la calefacción de los hogares y el combustible de los vehículos, la basura cobra otro significado, y tan descabellado como parezca terminan teniendo un valor comercial.

Por eso no es de extrañarse que en los titulares de los periódicos aparezcan noticias como esta: “!Se compra basura!”. Sí, basura. Suecia, Noruega y Suiza son algunos de los países que en la actualidad importan residuos, pues sus poblaciones no logran producir los necesarios para alimentar las plantas de bioenergía, entre ellas biogás. Imagínense el potencial que tendrían continentes como Latinoamérica, África y Asia en este aspecto.

El proceso comienza en casa

La separación de los residuos es la base del proceso de producción de biogás. En los hogares, los elementos biodegradables son depositados en bolsas dispuestas para tal fin, que luego serán conducidas a las plantas de producción. Quienes no cumplen con la norma son multados.

Una de las principales razones del efectivo manejo de las basuras en Europa –donde la producción de biogás alcanza sus máximos niveles–  tiene que ver con las reglamentaciones que se han instaurado al respecto. Para 2020, por ejemplo,  los países miembros de la Unión Europea deben lograr una cuota de reutilización de los residuos del 50%. En este tema, Alemania es uno de los líderes, con cuotas de reciclaje que en la actualidad alcanzan el 66%. El país cuenta con más de 992 planta, 130 villas ecológicas dedicadas a la bioenergía y produce el 61% del biogás de la región.

Suecia es otro de los ejemplos destacados. Aunque su producción no es tan elevada es uno de los pocos países que logró acondicionar el 100% de sus buses de transporte público a este nuevo combustible, y no solo en Estocolmo sino también en las ciudades más pequeñas.

La nueva era de los combustibles

Biogas

El proceso de producción de biogás es simple. Luego de que los residuos orgánicos, debidamente clasificados, son llevados a la planta, estos materiales o sustratos son depositados en gigantescos tanques de fermentación que ofrecen todas las condiciones necesarias (calor y ausencia de oxígeno) para acelerar su proceso de degradación, que en condiciones normales tardaría mucho más tiempo. El gas metano que antes era expulsado a la atmósfera ahora es capturado –reduciendo el efecto invernadero– y convertido en combustible. Los sustratos restantes son utilizados como abonos, dando como resultado lo que se conoce como un ciclo cerrado de producción, sin residuos.

Si bien la combustión de biogás libera CO2, la proporción de las emisiones se compara al C02 que absorben las plantas durante su ciclo de crecimiento, por lo que se considera como un combustible neutral ambientalmente. Según investigaciones del Renewables Insight Intitute, una asociación alemana dedicada a la investigación de biocombustibles, la producción de 1 kilovatio de energía a partir de biogás reduce las emisiones de C02 en 60%, con respecto a los combustibles fósiles.

Latinoamérica no se queda atrás en el desarrollo de estas tecnologías. Entre los líderes de la región se destacan Brasil y México, seguidos por Colombia, Perú y Chile. El año pasado, durante la Conferencia de la Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, Rio +20, Brasil firmó el protocolo para el establecimiento del Centro Internacional de Energías Renovables con énfasis en biogás, convirtiéndose en la primera iniciativa de alto nivel en el continente. Esto sin duda reafirma la teoría de que la basura es una materia prima que en la mayoría de los casos termina en el lugar equivocado.

*Artículo publicado en Avianca en Revista, volumen 2, edición 1. Todos los derechos reservados a Publicaciones Semana.

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