Un blog de viajes, buceo y yoga para viajeros ligeros

La estrategia de las guerrillas verdes

En las principales metrópolis del mundo, grupos de ciudadanos trabajan de forma mancomunada en huertas comunitarias, en donde cosechan vegetales y flores, transformando los espacios urbanos en zonas verdes. Nueva York, San Francisco, Berlín, Londres y Vancouver son algunas de las ciudades en donde se vive este fenómeno.

La primera huerta comunitaria de Estados Unidos apareció en 1973, luego de un ataque de granadas al lote baldío de la esquina de la calle Bowery con East Houston, en Nueva York. Por ese entonces, Estados Unidos afrontaba una fuerte crisis financiera que se hacía visible especialmente en las ciudades. Bowery, en especial, era un foco de inseguridad y drogadicción. La mayoría de los edificios en donde antes funcionaban teatros y clubes nocturnos estaban abandonados debido a la construcción del ferrocarril elevado y en los lotes baldíos comenzaban a acumularse las basuras.

guerrillas3Liz Christy, artista y ambientalista, quien tenía su estudio en la zona, decidió organizar un ataque artístico y junto con un grupo de amigos fabricaron lo que ellos mismos llamaron “granadas de semillas”. Estaban hechas con bombas de latex que llenaron con agua, tierra y semillas de todo tipo. Los alcances de su acto se vieron meses después, cuando llegó la primavera y comenzaron a aparecer las primeras flores, tomates y pepinos. Tras su primer triunfo, otros ciudadanos se unieron a la causa. Era una época en la que el mundo comenzaba a tomar conciencia sobre la importancia de hacer algo por salvar la vida en el planeta, y la primera celebración del Día de la Tierra –en 1970– había dejado sus interrogantes en la mente de muchos.

La suma de estos factores hizo que cientos de ciudadanos, cansados de resignarse a vivir en urbes cada vez más contaminadas y con menos espacios verdes, siguieran el ejemplo de Christy y sus amigos, y que se agruparan en lo que ellos mismos llamaron “guerrillas verdes”. Con el tiempo, se habían esparcido por toda la ciudad haciendo de los lotes baldíos hermosos oasis que cambiaron los vecindarios por completo. En muchos barrios, personas que habían sido vecinos durante años cruzaron un saludo por primera vez en estos jardines. Además de lugares para la siembra, las huertas se consolidaron como escenarios de la vida en comunidad y en un ejemplo de renovación urbana pensada desde lo ambiental.

La ola de las guerrillas verdes se extendió por todo Estados Unidos y para 1979 era un movimiento sólido. Ese mismo año se fundó la Asociación Americana de Jardines Comunitarios. En la actualidad son más de 1.000 los jardines comunitarios registrados ante las autoridades de la Gran Manzana, en Chicago se estima que hay más de 600, en San Francisco cerca de 500, en Denver la cifra es de más de 100, en Frankfort (Kentucky) llegan a los 500, en Boston a los 200 y en Seattle los cultivos –en total– suman 93.000m2.

guerrillas4En otras ciudades como Londres, Vancouver y Berlín también han replicado la iniciativa. En esta última, por ejemplo, un grupo de ciudadanos se tomó los terrenos del abandonado aeropuerto de Tempelhof, luego de su cierre en 2008, después de 74 años de servicio. El lugar hoy se encuentra dividido en huertas, que funcionan de forma gratuita, en donde cualquiera puede ir a llevar sus semillas. Allí los cultivos crecen entre cestas, llantas de carros, materas y todo tipo de materiales reciclados, ya que está prohibido escavar la tierra. Además, es un agradable lugar para conocer otras personas, hacer un picnic, pasar una tarde en familia, leer un libro, sentarse a descansar entre cultivos o incluso celebrar una boda.

Pese a que los jardines comunitarios no son una iniciativa totalmente novedosa –pues durante las épocas de escases de alimentos que sucedieron las dos guerras mundiales en algunas ciudades se permitió la siembra en lotes públicos– sí es la primera vez que son los ciudadanos quienes lideran este movimiento, que cada vez va tomando más fuerza en las grandes urbes del mundo.

Se ha demostrado que media hectárea de tierras cultivadas puede absorber hasta dos toneladas de dióxido de azufre, que es uno de los principales componentes de la lluvia ácida. Es por esto que estos jardines, además de proveer a las comunidades con alimentos frescos, saludables y a bajos costos, oxigenan las ciudades y son puntos verdes llenos de vida, en medio de la pesadez del asfalto.

guerrillas

*Publicado en Avianca en revista, todos los derechos reservados a Proyectos Semana.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Basic HTML is allowed. Your email address will not be published.

Subscribe to this comment feed via RSS

A %d blogueros les gusta esto: